—Don Alonso aparentó que le molestaba la petición; pero, cuando tomó el hilo, contó, una tras otra, historias y anécdotas en tal cantidad, que casi le tuvieron que pedir que se callara.
—¿Y en esas tierras no ha visto usted hombres muertos por los leones?—preguntó Aristón.
—No.
—¿Es que no hay leones?
—Leones en jaulas... muchos.
—Pero yo digo en el campo.
—En el campo, no.
Don Alonso pareció bastante contrariado al hacer estas confesiones.
—¿Ni otras fieras tampoco?
—Ya no hay fieras en los países civilizados—dijo el barbero.