¿Dónde vives tú?—le preguntó Manuel.
—Yo no tengo padre ni madre—contestó indirectamente el muchacho.
—¿Cómo te llamas?
—El Expósito.
—¿Y por qué te llaman Expósito?
—¡Toma! Porque soy inclusero.
—Y tú ¿no has tenido nunca casa?
—Yo no.
—¿Y dónde sueles dormir?
—Pues en el verano, en las cuevas y en los corrales, y en el invierno, en las calderas del asfalto.