—¿Y cuando no hay asfalto?

—En algún asilo.

—Pero bueno, ¿qué comes?

—Lo que me dan.

—¿Y se vive bien así?

El inclusero no debió de entender la pregunta o le pareció muy necia, porque se encogió de hombros. Manuel siguió interrogándole con curiosidad.

—¿No tienes frío en los pies?

—No.

—¿Y no haces nada?