Al ver a Manuel y a los otros dos, el de las tres cartas se les acercó y les dijo:

—¿Vamos a tomar unas tintas?

—Vamos.

Entraron en una tasca de la Ronda. El Pastiri aquel día estaba solo, porque su compañero se había marchado a El Escorial, y como no tenía quien le hiciera el paripé en el juego, no sacaba una perra. Si ellos tomaban el papel de ganchos, para decidir a los curiosos a jugar, les daría una parte en las ganancias.

—Pregúntale cuánto—dijo el Bizco a Vidal.

—No seas tonto.

El Pastiri explicó la cosa para que la entendiera el Bizco; la cuestión era apostar y decir en voz alta que ganaban, que él se encargaría de meter en ganas de jugar a los espectadores.

—Ya, ya sabemos lo que hay que hacer—dijo Vidal.

—¿Y aceptáis la combi?