—Algún día iré a verle.
Antes de acostarse Manuel, volvió a aparecer Roberto en la cocina.
—Oye—le dijo a Manuel—, si conoces algún sitio raro por barrios bajos donde haya mala gente, avísame: iré contigo.
—Le avisaré a usted, no tenga usted cuidado. Bueno. Hasta la vista. ¡Adiós!
Roberto le dió la mano a Manuel, y éste la estrechó muy agradecido.
SEGUNDA PARTE
CAPÍTULO PRIMERO
La regeneración del calzado y El león de la zapatería.—El primer domingo.—Una escapatoria. El «Bizco» y su cuadrilla.
El madrileño que alguna vez, por casualidad, se encuentra en los barrios pobres próximos al Manzanares, hállase sorprendido ante el espectáculo de miseria y sordidez, de tristeza e incultura que ofrecen las afueras de Madrid con sus rondas miserables, llenas de polvo en verano y de lodo en invierno. La corte es ciudad de contrastes; presenta luz fuerte al lado de sombra obscura; vida refinada, casi europea, en el centro vida africana, de aduar, en los suburbios. Hace unos años, no muchos, cerca de la ronda de Segovia y del Campillo de Gil Imón, existía una casa de sospechoso aspecto y de no muy buena fama, a juzgar por el rumor público. El observador...
En este y otros párrafos de la misma calaña tenía yo alguna esperanza, porque daban a mi novela cierto aspecto fantasmagórico y misterioso; pero mis amigos me han convencido de que suprima los tales párrafos, porque dicen que en una novela parisiense estarán bien, pero en una madrileña, no; y añaden, además, que aquí nadie extravía, ni aun queriendo; ni hay observadores, ni casas de sospechoso aspecto, ni nada. Yo, resignado, he suprimido esos párrafos, por los cuales esperaba llegar algún día a la Academia Española, y sigo con mi cuento en un lenguaje más chabacano.