Unas cuantas chiquillas de diez a catorce años charlaban en grupo. El Bizco y Vidal y los demás las persiguieron por el patio. Corrían las chicas medio desnudas, insultándoles y chillando.
El Bizco contó que había forzado algunas de aquellas muchachitas.
—Son todas puchereras, como las de la calle de Ceres—dijo uno de los piratas.
—¿Hacen pucheros?—preguntó Manuel.
—Sí; buenos pucheros.
—Pues ¿por qué son puchereras?
—Pu... lo demás—añadió el chico haciendo un corte de mangas.
—Que son zorras, tartamudeó el Bizco—. Pareces tonto.
Manuel contempló al Bizco con desprecio, y preguntó a su primo:
—¿Pero esas chicas?