Manuel no comprendía qué le quería Roberto, y por la tarde le esperó con verdadera impaciencia. Llegó, y los dos salieron de la calle del Aguila y bajaron a la ronda de Segovia.

—¿Tú sabes dónde está la Doctrina?—preguntó Roberto a Manuel.

—¿Qué Doctrina?

—Un sitio donde se reúnen los viernes muchos mendigos.

—No sé.

—¿Sabes dónde está el camino alto de San Isidro?

-Sí.

—Bueno; pues allí vamos a ir; ahí es dónde está la Doctrina.

Manuel y Roberto bajaron por el paseo de los Pontones y siguieron en dirección del puente de Toledo. El estudiante no dijo nada, y Manuel nada quiso preguntarle.

El día estaba seco, polvoriento. El viento sur, sofocante, echaba bocanadas de calor y de arena; algunos relámpagos iluminaban las nubes; se oía el sonar lejano de los truenos; el campo amarilleaba cubierto de polvo.