—Donde te parezca.

—Daremos una vuelta por esos chabisques e iremos luego a la taberna de la Blasa.

—¿Va por ahí gente del bronce?

—Claro que va, de lo más granado.

—Entonces avisaré a don Roberto, a aquel señorito que me vino a buscar para ir a la Doctrina.

—Bueno.

—Después del trabajo fué Manuel a la casa de huéspedes y habló con Roberto.

—Pasar por el café de San Millán a eso de las nueve de la noche—dijo Roberto—; allí estaré yo con una prima mía.

—¿La va usted a llevar allá?—preguntó asombrado Manuel.

—Sí; es una mujer original, una pintora.