—No, así no, así no—exclamó Esther temblando, y agarrando á Roberto por las muñecas le presentó los labios.
Roberto perdió la cabeza y los besó frenético. Esther se abrazó á su cuello; un sollozo largo de dolor y de deseo le hizo temblar de la cabeza á los pies.
—¿Vamos?
—Vamos.
Salieron de casa.
Unas horas después, Bernardo Santín, con la carta de su mujer en la mano, murmuraba:
—¿Y mi padre? ¿Qué va á ser de mi pobre padre?
CAPÍTULO V
Paro general.—Juergas.—El baile del Frontón.—La iniciación del amor.
La hermana de Jesús aceptó con gran entusiasmo á los dos huérfanos recogidos por el cajista, el día de Nochebuena, y la Salvadora y el chiquitín entraron á formar parte de la familia.