—Oye, vamos—dijo Vidal á su primo con la prudencia que le caracterizaba.

Salieron todos de la buñolería, las muchachas fueron hacia el centro y ellos por la calle del Ave María hasta la del Olmo. Abrió Vidal la puerta de su casa.

—Aquí es—le dijo á Manuel.

Subieron hasta el último piso. Allí Vidal encendió una cerilla, metió la mano por debajo de la puerta, sacó una llave y abrió. Recorrieron un pasillo, y Vidal dijo á Manuel:

—Este es tu cuarto. Hasta mañana.

Manuel se despojó de sus harapos, y la cama le pareció tan blanda, que, á pesar del cansancio, tardó mucho en dormirse.

TERCERA PARTE

CAPÍTULO PRIMERO
¿Será la buena?—Proposiciones de Vidal.

Al día siguiente, cuando despertó Manuel, daban las doce. Hacía tanto tiempo que la primera sensación de su despertar era de frío, de hambre ó de angustia, que, al encontrarse entre mantas, abrigado, en un cuarto estrecho y de poca luz, pensó si estaría soñando.