Unos días después de esta conversación, Manuel, al salir del Círculo y encontrarse con Vidal, sintió la necesidad de hablarle del malestar que experimentaba con aquella vida. Vidal estaba también aquella noche de humor triste, é hizo lamentables confidencias á Manuel.
Fueron á un teatro, pero no había gente; entraron en un café y, después de pasear con una noche horrible de frío, Vidal propuso que entraran á tomar algo en casa de la Concha, en la calle de Arlabán.
Manuel no quería, porque no tenía ganas de comer ni de nada; pero á remolque entró en la taberna. Hacía dentro mucho calor, y esto les reanimó á los dos; se sentaron y Vidal pidió unas copas y luego unas chuletas.
—Hay que olvidar—dijo después de dar estas disposiciones.
Manuel hizo un gesto de desaliento y vació un vaso de vino que llenó Vidal.
Después contó lo que le había dicho el Garro. Su primo le escuchaba atentamente.
—No sabía la historia de Calatrava—dijo al concluir Vidal.
—Pues historia por historia—repuso Manuel—¿dime tú? ¿quién es ese Maestro?
—El Maestro... es un coloso. ¿Tú has leído Rocambole?
—No.