—¡Rediez!—dijo Manuel admirado—. ¿Y el compañero del Saladero vive?
—No; creo que murió en América.
—¿Ha estado allá también el Maestro?
—En todas partes; ha recorrido medio mundo, y en cada sitio ha dejado diez ó doce falsificaciones.
—Sí, seguramente.
—¿Y qué hace con el dinero?
—Chico, yo no lo sé. No le gustan las juergas, no tiene queridas. El Cojo me dijo una vez que el Maestro tenía una hija educándose en Francia y que le dejaría una fortuna.
—¿Y dónde vive ese hombre?
—Vive hacia Chamberí; allí creo que se pasa los días leyendo y tocando la guitarra y besando el retrato de su hija.