—Si las bailarinas son como los militares, en cuanto llegan al terreno se crecen.
Celebraron todos, periodistas y demás golfería, la frase, con risas burlona, se despidieron del Coronel y volvieron de nuevo al Salón París.
La Coronela, Chuchita y la hermana de ésta, la rubia, acompañadas las tres de un señor senador, de un periodista y de un torero de fama se preparaban para cenar en un gabinete del Círculo.
Según se decía, Chuchita manifestaba una inclinación decidida por el torero, y la Coronela, no sólo no la disuadía, sino que había llamado al torero para que el debut de la Chuchita fuera para ella del todo agradable...
La apertura del Salón París dió ocasiones á Manuel y á Vidal de nuevos conocimientos.
Este se había hecho amigo del hermano de la Chuchita, que alcahueteaba por el teatro, y el chiquillo llevó á Vidal y á Manuel á los cuartos de las bailarinas.
Cuando la Justa se enteró de las amistades de Manuel le armó un escándalo tremendo. La Justa se había propuesto hacer la vida de Manuel insoportable, y tan pronto le insultaba y le decía que era un chulo que vivía á sus expensas, como se manifestaba celosa. Cuando armaba un escándalo de éstos, Manuel resignado se encogía de hombros y la Justa, sumida momentáneamente en la mayor desesperación, se tiraba larga en el suelo y quedaba inmóvil, como muerta. Luego se le pasaba el arrechucho y tan tranquila.
CAPÍTULO IV
Un fusilamiento.—En el puente del Sotillo.—El Destino.
Una noche de Agosto salían del Teatro Eldorado, Manuel, Vidal, la Flora y la Justa, cuando dijo Vidal.
—Hoy fusilan á un soldado. ¿Queréis que vayamos á ver?