—¿Qué quiere usted?—le dijeron de afuera.

—Quisiera salir un rato.

—Salga usted.

Salió al pasillo.

—¿Podría traerme alguno un café?—preguntó á un guardia.

—Pagándolo.

—Claro que pagándolo. Que me traigan un café con tostada y una cajetilla—Entregó al guardia dos pesetas.

—Ahora van—dijo éste.

—¿Qué hora es?—preguntó Manuel.

—Las doce.