Manuel se acercó.
—¿Cómo se llama usted?
—¿Cuántos años tiene?
—Veintiuno.
—¿Qué oficio?
—Cajista.
—¿Jura usted decir verdad en todo aquello que le sea preguntado?
—Sí, señor.
—Si así lo hace, Dios se le premie, y si no, se lo demande. ¿Qué hizo usted el día del crimen?