Se enterneció Manuel con el recuerdo, y como el enternecimiento no le quitó el apetito, comió abundantemente y se tendió en el banco.

CAPÍTULO VI
Lo que pasaba en el despacho del juez.—La Casa de Canónigos.

Unas horas después el juez recibió tres cartas urgentes. Las abrió é hizo sonar inmediatamente un timbre.

—¿Quién ha traído estas cartas?—preguntó el juez al guardia.

—Un lacayo.

—¿Hay por ahí algún agente?

—Está el agente Garro.

—Que pase.

Entró el agente y se acercó á la mesa del juez.