—Bueno. Pasad á la escribanía.

Entraron en un cuarto estrecho, con una ventana en el fondo. En una de las paredes largas del cuarto había un armario y encima una porción de cosas procedentes de robos y de embargos, entre ellas una bicicleta.

Entró el Gaditano, sacó del armario un legajo y se puso á escribir rápidamente.

—Que es primo del muerto y que supone que el autor del hecho de autos es un sujeto apodado el Bizco, ¿no es eso?

—Eso es—dijo el Garro.

—Bueno, que firme aquí... Ahora aquí... Ya está.

Se despidió el agente del Gaditano, y Manuel y Garro salieron á la calle.

—¿Ya estoy libre?—preguntó Manuel.

—No.

—¿Por qué no?