Manuel no contestó.
—Y ahora, ¿dónde vamos?—preguntó.
—Al Campillo del Mundo Nuevo.
—Entonces tenemos camino largo.
—En la Puerta del Sol tomaremos el tranvía de la Fuentecilla.
Efectivamente, así lo hicieron. Bajaron en el sitio indicado y tomaron por la calle de la Arganzuela.
Al final de esta calle, á mano derecha, ya en la plaza que constituye el Campillo del Mundo Nuevo, se detuvieron. Pasaron por un largo corredor á un patio ancho con galerías.
En la primera puerta abierta entró Garro y preguntó con voz autoritaria:
—¿Vive aquí un cabo del orden que se llama Ortiz?
Del fondo de un rincón obscuro, en donde trabajaban dos hombres, cerca de un hornillo, contestó uno de ellos: