—Voy á hacer una cosa; ir ahora mismo á ver á uno que lo puede arreglar todo.
—Espera un momento.
—No, no, déjame.
Salió Manuel decidido á hablar con el Cojo ó con el Maestro. Fué á la carrera al Círculo. Le dejaron pasar; subió al piso primero, y al hombre que solía estar en la puerta de la sala de juego, le preguntó:
—Y el Maestro, ¿está en la secretaría?
—No, el que está es don Marcos.
Llamó Manuel á la puerta y pasó adelante. Calatrava estaba en una mesa con un empleado contando fichas blancas y rojas. Al ver á Manuel le miró fijamente:
—¿A qué vienes tú aquí? ¡Soplón!—exclamó—. Aquí no haces falta.
—Ya lo sé.
—Estás despedido. El jornal no lo esperes.