Hablaron. Manuel sentía una sorda irritación contra todo el mundo; un odio hasta entonces amortiguado se despertaba en su alma contra la sociedad, contra los hombres...
—De veras te digo—concluyó diciendo—, que quisiera que estuviera lloviendo dinamita ocho días y bajara después el Padre Eterno hecho ascuas.
Y rabioso invocó á todos los poderes destructores para que redujesen á cenizas esta sociedad miserable.
Jesús le escuchaba con atención.
—Eres un anarquista—le dijo.
—¿Yo?
—Sí. Yo también lo soy.
—¿Tú?
—Sí.
—¿Desde cuándo?