—Anda, ve á tu casa á comer y vuelve á eso de las dos.

Manuel subió al estudio; ni Roberto ni Alejo estaban; no había en toda la casa ni un mendrugo de pan. Registró por todos los rincones y para la una y media volvió á casa de don Bonifacio y entre bostezo y bostezo siguió poniendo nombres en las circulares.

A Mingote le agradó el comportamiento de Manuel, y por esto ó porque en la comida se dedicara con exceso al Anís Estrellado Fernández, se entregó á la verbosidad más desordenada y pintoresca, siempre con la mirada desviada hacia el techo. Manuel rió con grandes carcajadas las cómicas y extravagantes ocurrencias de don Bonifacio.

—No eres como mi amanuense—le dijo, halagado por las manifestaciones de alegría del muchacho—, que no ríe mis chistes y luego me los roba y los pone estropeados en unas cuantas piececitas fúnebres que escribe. Y no es eso lo peor. Lee. Y Mingote le dió á Manuel un anuncio impreso.

Era también una circular por el estilo de las de don Bonifacio. Decía así:

LA BENEFACTORA
AGENCIA MÉDICO-FARMACÉUTICA DE DON
Pelayo Huesca

Nadie como ella cumple sus compromisos. El Consejo de Administración de La Benefactora lo forman los banqueros más acaudalados de Madrid. La Benefactora tiene cuenta corriente con el Banco de España. En La Benefactora no hay cuota de entrada.

Servicio de abogado, relator, procurador, médico, farmacéutico, partos, dietas, entierros, lactancia, etc.

Cuota mensual: Una, dos, dos cincuenta, tres, cuatro y cinco pesetas.

(Obras son amores y no buenas razones.)