La mulata contempló sonriendo al viejo.

—Bueno, señó—dijo.

—Y el muchacho, ¿qué hace?

Etá etudiando—contestó niña Chucha con malicia, y lo mostró con los codos sobre la mesa del comedor y la cabeza entre las manos.

Efectivamente, estaba devorando una novela por entregas de Tárrago y Mateos.

CAPÍTULO VI
Kate, la niña blanca.—Los amores de Roberto.—El pundonor militar.—Las cucas.—Disquisiciones antropológicas.

Al mes de instalados en la nueva casa llegaron las fiestas de Navidad, y como en los colegios había vacaciones, la baronesa fué en busca de su hija al del Sagrado Corazón, y volvió con ella en coche.

Niña Chucha se encargó de informar á Manuel y de darle detalles de la hija de la baronesa.

—Es una cantimpla, ¿sabe?, una niña blanca y sosa que parece una muñeca.