—Y eso, ¿qué tiene que ver?

—La mar, chica. La civilización viene con la lluvia. En esos países húmedos y lluviosos es donde se dan los tipos más civilizados y más hermosos también, tipos como el de tu hija con sus ojos tan azules, la tez tan blanca y el cabello tan rubio.

—Y yo... ¿qué soy?—preguntó la baronesa—¿Un poco de eso que decías antes?

—¿Un poco berebere?

—Sí, me parece que sí; un poco berebere, ¿eh?

—En el carácter quizás, pero en el tipo, no. Eres de raza aria pura, tus ascendientes vendrían de la India, de la meseta de Pamir ó del valle de Cabul, pero no han pasado por Africa. Puedes estar tranquila.

La baronesa miró á su primo con expresión un tanto enigmática. Poco después los dos primos y Manuel salieron del café.

CAPÍTULO VII
El berebere se siente profundamente anglosajón.—Mingote mefistofélico.—Cogolludo.—Despedida.

Desde aquel encuentro en la chirlata del coronel, de la baronesa y el sociólogo, éste comenzó á frecuentar la casa y á poner cátedra de antropología y de sociología en el comedor. Manuel no sabía cómo serían aquellas ciencias; pero traducidas al andaluz por el primo de la baronesa, eran muy pintorescas; Manuel y niña Chucha escuchaban al berebere con grandísima atención y algunas veces le hacían objeciones que él contestaba, si no con grandes argumentos científicos, con muchísima gracia.