Alvarito había provocado la envidia del hijo del carcelero hablando en francés con Manón y después no haciéndole suficiente caso, y Viserita se vengó.

Las cartas que vinieron de Francia para Alvarito no llegaron a su poder. Ponían el nombre y debajo Ciudadela, Pamplona. Viserita, con malicia, borraba Pamplona y ponía Menorca, y la carta marchaba hacia el Mediterráneo.

El no recibir cartas de Manón puso a Alvarito en un estado de inquietud tal, que cayó enfermo.

Los dos oficiales conocidos en Belascoáin estuvieron a verle.

Poco después, el juez militar ordenó su libertad y el capitán Centurión y el teniente Robles se lo llevaron a su casa de huéspedes.

Alvarito hizo un esfuerzo y escribió una carta a su hermana, pidiéndole noticias de Manón y diciéndola fuera a verla.

Luego cayó en cama, febril, y su conciencia se perdió en el delirio.

IX

FANTASÍAS

Una enfermedad es como el viaje hecho por un mar de dolor, de angustia y de melancolía, con islas extrañas, canales misteriosos y acantilados cortados a pico. Un dolor se parece a veces a la nube ensombrecedora del horizonte; otro, al escollo peligroso por delante del cual se ha de pasar.