El hombre de pelo gris, gabán gris y anteojos, salía a la calle, y al ver a Alvarito manifestaba una gran repulsión e intentaba alejarse, escabullirse de su lado. Álvaro marchaba detrás de él con una rabia de sabueso de policía, irritado por producir tanto desprecio.
El hombre del gabán gris corría mucho, y cuando llevaba gran delantera, se paraba y espiaba desde una esquina. Álvaro iba decidido con cólera hacia él, y el hombre, entonces, le volvía la espalda y marchaba de prisa con un movimiento burlón e insultante.
Por fin, aquella figura gris entraba sin ruido en una casa negra.
Esta casa Alvarito la conocía muy bien, aunque no recordaba su nombre. Parecía la casa del Reducto; pero se diferenciaba de ella en ser más alta, más sombría y tener muchas más ventanas.
El hombre misterioso comenzaba a subir una escalera. Alvarito iba detrás. Eran unas escaleras interminables. Alvarito conocía muchísimo estas escaleras. No había visto otra cosa. Estaban llenas de puertas y se abrían en lucernas pálidas que parecían ojos. Se llegaba a un rellano y venía otro, y después otro...
De pronto, el hombre gris se detenía en un descansillo, abría una mampara verde con un óvalo de cristal, que daba a una sala con unas cortinas, unos espejos y una alfombra. En la sala misteriosa, un señor melancólico, de negro, con una carta en la mano, la metía rápidamente en una carpeta.
El hombre gris abría otra puerta; Álvaro le seguía y se encontraba con otro señor que repetía la misma operación: cogía una carta de encima de la mesa y la guardaba con cuidado.
Por último, el hombre gris abría una tercera puerta y por ella se veía un campo con un río y luego al joven Ollarra que caía desde lo alto de una tapia y se rompía en pedazos en el suelo.
La indignación de Alvarito, al ver estas fantasías, iba en aumento. Dispuesto a aplastar al hombre gris, se lanzaba sobre él y le cogía, y al agarrarle se encontraba con sorpresa que no tenía más que ropa.
Desesperado, le entraban ganas de llorar, y entonces veía al voceador con su traje gris, parecido al señor Silhouette, y a todas las figuras de cera alineadas en el almacén de Chipiteguy.