—Creo que ya pedirán un duro al día.
—Bueno, paga lo que sea.
Y Alvarito dio a su nuevo criado diez duros.
—¿A qué hora queréis salir?
—A las ocho.
Ollarra buscó por el pueblo hasta que encontró un carricoche en un caserío de la estrada de Alzate a Vera, y para las ocho estaba a la puerta de la pasada, y poco después iban los tres jóvenes camino de Almandoz, seguidos por Chorua.
VI
LAS HABILIDADES DE OLLARRA
Ollarra se manifestó, como compañero de viaje, de muchos recursos, a veces de felices ocurrencias; pero, en general, de genio sombrío y malhumorado. Todos sus conocimientos venían de la propia fuente de la Naturaleza, sin pasar por libros. Sacaba de su boca alternativamente chirridos de lechuza y batir de alas de este pájaro crepuscular, lamentos de búhos, ladridos de perros y canto de tordos, de ruiseñores y petirrojos. Imitaba todo con perfección. Silbaba también admirablemente aires campesinos, a los que añadía florituras complicadas.
Su canción favorita era una canción en patuá gascón, que comenzaba así: