—¿Y qué hace ahora?

—Unas veces caza, otras pesca, otras contrabandea.

Ollarra subió al cuarto que ocupaba Alvarito y hablaron; Manón sirvió de intérprete, porque Ollarra no sabía apenas castellano ni francés.

El sargento quiso burlarse de Ollarra, que no le hizo el menor caso. Ya de acuerdo, y aceptado el mozo como criado o ayudante, por la tarde llevó los tres caballos traídos desde Sara por Álvaro y Manón y de noche volvía a pie.

—¿Qué hay que hacer mañana por la mañana? —preguntó Ollarra en la posada a Alvarito.

—Hay que alquilar un coche y salir para Almandoz.

—Se necesitará dinero.

—¡Ah, claro! ¿Cuánto se necesitará?

—Según para los días que tomemos el coche.

—Para tres o cuatro.