Ollarra, sin oírle, se echó sobre él, y le arreó tal garrotazo en la cabeza, que Malhombre, dando vueltas sobre sí mismo, cayó en la nieve. El palo saltó hecho astillas.

—¿Ahora, qué hacemos con este hombre? —preguntó Alvarito.

—Dejarlo ahí —contestó Ollarra—; si no se ha muerto, ya se morirá.

—¿Pero, hombre?

—¡Que se muera! ¡Qué importa! ¡Hala, hala, que nieva mucho!

Cogió Ollarra el farol con la mano izquierda, y hostigando a las mulas con la derecha, armada del látigo, siguió su marcha, precediendo a Álvaro y a Manón.

Caía la nieve sobre el monte.

IX

SUEÑOS

Al llegar de noche a Lesaca, y en la posada, se encontraron a una muchacha, Gabriela la Roncalesa.