—¿En dónde?

—Aquí.

—Esto está cosido —murmuró Malhombre, agarrando la chaqueta de Álvaro e intentando registrarle.

—Sí.

—Y no es fácil descoserlo.

Durante este tiempo, Manón se había dado cuenta de que faltaba Alvarito; alarmada, al retroceder notó lo que ocurría y oxeó a Chorua. El perro, en dos saltos, se lanzó contra Malhombre y le trincó de los pantalones.

Malhombre se volvía; intentó defenderse con el rompecabezas. Alvarito, aún no repuesto de la sorpresa y del sofoco, se quedó amilanado, perplejo.

—¡Ollarra! ¡Ollarra! —gritó Manón.

Malhombre vio la partida perdida y se dispuso a escapar; pero el perro no le dejaba tranquilo. Ollarra, abandonando las caballerías, se le acercaba con el garrote enarbolado. Malhombre sacó una navaja y le esperó.

—Déjame —gritó—. Si no, te abro las tripas.