Como mi tío Samuel vió que yo tenía afición a los libros, creyó debía perfeccionarme en la bibliografía, y me llevó de dependiente a la casa de Israels y Piper, de Chancery Lane.

Chancery Lane es una callejuela que baja de Holborn a Fleet Street. Como muchas de Londres, tiene una especialidad; es una calle de gente de toga, de librerías de Derecho y banqueros.

Entonces, supongo que ahora seguirá lo mismo, Chancery Lane estaba formada por casas altas, de ladrillo, ennegrecidas por el tiempo, la bruma y el humo, y acariciadas muy de tarde en tarde por los rayos de un sol traducido al inglés.

Los colores de esta calle, la gradación de matices de sus paredes de ladrillo, los encontraba yo muy agradables a la vista; tenían en tonos obscuros las variaciones irisadas del coral y del nácar.

Las casas de Chancery Lane eran tan indiferentes y tan hostiles como las demás londinenses, y un poco más: presentaban al transeúnte puertas bien cerradas y claveteadas, verjas llenas de pinchos, rejas tupidas; eran estas casas de leguleyos de lo más inhospitalarias, de lo más fundamentalmente británicas que pueden ser unas casas, unas puertas y unas rejas.

Próxima a la salida de Chancery Lane a Lincoln's-Inn-Fields, y casi enfrente de Cursitor Street, se hallaba la librería de Israels y Piper. Tenía en la puerta, sobre la pared roja de la casa, este letrero, medio borrado por las lluvias:

ISRAELS & PIPER, LIMITED

EDITORES DE OBRAS DE HISTORIA, FILOSOFÍA Y GENEALOGÍA

La librería de Israel y Piper tenía un escaparate pequeño, una tienda reducida y casi siempre desierta, y después, un pasillo larguísimo.