V.
ELOGIO DE LA LITOGRAFÍA

Los primeros trabajos litográficos que hicimos entre Percy y yo fueron vistas de pueblos, escenas pintorescas y retratos de personajes célebres. Will Tick vendió las estampas a buen precio, y al recibir el producto de las ventas, consideramos que un río de oro entraba en nuestros bolsillos.

Tras de estos tímidos ensayos, intenté yo la caricatura, y una de las mejores que hice fué a favor de los liberales españoles y en contra del rey Fernando VII. Esta caricatura me relacionó con algunos españoles, entre ellos, con el hispanoinglés Blanco-White, que acababa de publicar unas cartas sobre España, y que fué, probablemente, el que me sugirió la idea de venir a la Península.

Después de mi estampa antifernandina, hice otras varias, que se vendieron mal que bien. Pronto noté que faltaba a mis caricaturas personalidad y crueldad. No podía llegar a la sátira brutal y enconada de un Gilray, ni a dar a mis personajes el aire tan típicamente inglés de las estampas de Jorge Cruikshank.

—En la caricatura—me dijo Will Tick, que en esto, como en todo, discurría con mucha claridad—hay la cepa dulce y la cepa agria. Tú eres de la cepa dulce, y en Inglaterra, actualmente, eso no gusta.

Will Tick tenía razón.

Como vi que el mercado se cansaba pronto de mis estampas, intenté dar otro producto, y me dediqué al agua fuerte.