—Porque me marcho a Biriatu mañana.
—Iré yo a Biriatu.
—Es igual; no me verá usted.
—¿Tendrá usted novio?
—No.
—¿Pero tendrá usted muchos pretendientes?
—No; tampoco.
—¿Cómo puede ser eso, siendo tan bonita?
—No opinan todos como usted—me replicó riendo.
—Eso es imposible—exclamé—. ¿Es que los hombres de este país no tienen ojos? ¿Es que son como esos peces de los lagos sin luz, que son ciegos? ¿Es que tienen alguna membrana nictitante perpetua? ¿Es que...?