En Pamplona, como en casi todas las capitales españolas, me parecieron los pequeños aristócratas muy cómicos. ¡Qué gente! Unas bocas desdeñosas, unos gestos de orgullo, unas mujeres feas y con bigote, unos tipos morenos y escurridos que parecían micos; muy chatos o con narices de loro; con escrófulas o con herpes.
Este prestigio de la aristocracia no es cosa que a mí me preocupe; no tengo la aspiración de saludar al conde ni al marqués, ni siquiera de estrechar la mano de un Pérez de Cascante o de un Sánchez de Peralta. A un vagabundo, como yo, no le pueden importar gran cosa las superioridades locales ni las cuestiones de etiqueta; tampoco sé si estos condes y marqueses de aquí proceden de las Cruzadas (como todos los aristócratas de los folletines franceses); supongo que serán tan antiguos como puedan serlo los de Inglaterra; pero no hay más remedio que reconocer que son más pobres. Y, la verdad: la aristocracia, con casas sucias y destartaladas y unos majuelos por toda propiedad; el aristócrata, con un sombrero seboso y un pantalón con rodilleras, no llega a imponer respeto ni a causar gran sensación. Es decir, a mí no me la producía, porque a mi patrona, doña Saturnina, le producía grande. Verdad que ella veía los conceptos más que los accesorios y las formas. Doña Saturnina era un poco platoniana.
Tras de la aristocracia pamplonesa, venía la clase media, formada por leguleyos y comerciantes, y después, el pueblo.
Desde arriba a abajo; desde lo alto de la pirámide hasta la base; desde el primer tramo hasta el último, Pamplona era un pueblo intoxicado por la clericalina. La clericalina rebosaba por todas partes; una clericalina activísima; pues no había apenas un pamplonés que no tuviera depósitos de este alcaloide entre la píamadre y la aracnoides. Era una clericalina que producía un estado de estupor incurable.
Una gota en la conjuntiva de un individuo lo envenenaba para siempre.
Todas las aguas del Arga reunidas, no bastaban para disolver la clericalina, la cleritoxina y el ácido clerigálico que producía la ciudad.