Yo siempre le encontré un aire socrático.

Me parecía que el mejor día iba a salir Minerva de su cabeza.


VIII.
LOS REALISTAS FRANCESES

Un día pararon en la casa de doña Saturnina unos franceses realistas.

Estos franceses, supe, cuando se marcharon, que habían ido a reunirse con la partida absolutista de un tal Salaverri, que merodeaba por la ribera de Navarra.

Los tales franceses me fueron poco simpáticos. Tenían un criterio pequeño y estrecho. Elogiaban lo peor de Francia y de España. Para ellos la crueldad empleada con los liberales era un gran mérito; el talento militar consistía en hacer todas las barbaridades posibles en perjuicio del enemigo.

Así un vendeano cualquiera era un militar más ilustre que Napoleón.

Nunca jamás he visto una gente más vanidosa, más necia ni más incomprensiva. Tenían unas ideas extrañas. Según ellos, puesto que los revolucionarios franceses habían guillotinado a Luis XVI, a su mujer y a su hijo, ellos podían, con un derecho natural de represalia, matar a todos los hombres, mujeres y niños del Universo.