Se trataba de celebrar el triunfo liberal obtenido en Madrid el 7 de julio.
Mientras esperábamos que comenzase la reunión, Pontecoulant, que tenía bonita voz, cantó La Marsellesa, y después, la canción de Los Girondinos, con mucho fuego y gran énfasis:
Par la voix du canon d'alarmes
la France appelle ses enfants.
Le escuchamos con gusto y coreamos sus cantos.
Cuando se reunieron los masones, que casi todos eran militares, se comenzó a hablar de la conspiración realista que se había tramado en Navarra y tenía su centro en Pamplona. Yo entonces me enteré de los manejos de los absolutistas.
Los primeros conspiradores de Navarra habían sido el cura de Barasoaín; el canónigo Lacarra; un tal Uriz, de un pueblo llamado Sada, y los militares Eraso, Juanito el de la Rochapea y don Santos Ladrón de Cegama.
Estos tres últimos eran antiguos guerrilleros del general Espoz y Mina en la guerra de la Independencia. Mina consideraba a Eraso como absolutista de corazón, pero no a Ladrón ni a Juanito; a Ladrón le tenía por hombre de ideas liberales; respecto a Juanito el de la Rochapea, lo miraba como a hombre desleal y traidor.
Juanito el de la Rochapea, Juan Villanueva, había sido capitán del primer regimiento de la división Navarra, mandada por Mina.
Cuando la tentativa liberal de éste sobre Pamplona, en 1814, Juanito fué el que comprometió con su impaciencia al coronel Górriz, y pasándose luego a los realistas contribuyó a su fusilamiento.