Las profundas consecuencias que se desprenden de mi descubrimiento las entrego a la Humanidad futura. Ella sabrá plantar más árboles y exterminar las moscas.


XII.
EN LAS BÁRDENAS

Estando yo en Caparroso se presentó una partida de milicianos nacionales, mandada por un capitán que iba de vanguardia de la columna de un jefe llamado Iribarren. Saludé al capitán, a quien conocía de Pamplona por ser amigo de Iriarte, y hablamos.

Me dijo que se había quedado la partida sin cirujano, porque a este le habían muerto, y me preguntó si yo podría sustituírlo por lo menos un día.

—Yo no soy cirujano—le dije.

—¡Bah! Para lo que hay que hacer, lo hará usted mejor que cualquier otro. Mañana vamos a atacar a la gente de Salaberrí, que campea por ahí, por las Bárdenas. Necesitamos de alguien que sea capaz de poner una venda.

—¿Y el cirujano de este pueblo?

—Es uno de los facciosos y anda por el monte.