En Jadraque encontramos un carretero, con quien nos hicimos amigos, y en el carro de éste llegamos a Alcalá.

Aquí me pareció lo mejor tomar la diligencia, y en la diligencia entré en Madrid.


TERCERA PARTE
DE MADRID A SEVILLA

I.
LA CASA DE HUÉSPEDES

La llegada a las proximidades de Madrid en un día de verano, de sol, con la tierra desnuda, sin color por la claridad y el polvo, me pareció un tanto trágica y sombría. La puerta de Alcalá mitigó algo la triste impresión del paisaje que había recibido. Nos detuvimos a la entrada de la villa, y después subimos al galope por la calle de Alcalá y llegamos a la de las Huertas, hasta una administración de coches.

Una chusma policíaca, cínica y desvergonzada, revolvió mi pequeño equipaje, y uno de ellos me dijo que tenía que tomar carta de seguridad.

Fuí a cumplir este requisito y me instalé en una fonda muy mala de la calle de la Gorguera.

La primera impresión de Madrid fué para mí confusa.