—Las tendrá usted que tomar.
—Bueno; las tomaré.
—¿Y cuándo se va usted?
—Mañana mismo. Llevaré de la biblioteca este libro de Historia Natural de William Bowles.
—Sí, sí; puede usted llevárselos todos, si quiere.
Al anochecer salí de la casa y fuí a ver al banquero y representante de Bertrán de Lis, por si tenía alguna noticia de Inglaterra.
Al entrar en la cárcel le había escrito a Will Tick diciéndole lo que me pasaba y encargándole que si tenía algo que decirme escribiera al banquero de Sevilla.
El banquero me dijo que no le habían escrito absolutamente nada.
Únicamente sabía que, por encargo de los filohelenos de Londres, se estaban comprando armas en Algeciras, que se llevarían en un barco que pasaría por el Estrecho con voluntarios, en dirección a Grecia.