—Sí; un miserable botarate, raquítico, inútil para todo.
—Pero ella le quiere.
—Pues piense usted que no le quiere. En fin, ya sabe usted. Si usted consigue que Mercedes olvide a ese mico, usted aquí será el amo; si no, ya se puede usted marchar de esta casa cuanto antes. Ocho días le doy de plazo.
Tuve una conferencia con Mercedes, y le dije lo que me había expuesto la señora Landon.
—Me ha dado ocho días para hacer su conquista. Como yo no me siento ningún Don Juan, me voy a marchar.
Ella me dijo que no me fuera; pero como el dilema era irme o casarme con ella, Merceditas optó porque me marchase.
—¿Tiene usted dinero?—me dijo.
—No.
—Yo no tengo mas que dos monedas de cinco duros, que se las ofrezco.
—No; no quiero.