—Este es un gigante—decía uno.
—¡Ca! ¡Es un elefante!
—Pues las patas las tiene de camello.
—No vaya a ser un ballenato que se ha escapado de la jaula.
—¿A qué va a venir aquí un ballenato, compadre?
—Quizá quiera tomar lecciones para sacar el copo.
—Señores—dije yo, incorporándome—, no soy nada de lo que dicen ustedes; soy un ciudadano inglés que en este momento bosteza de hambre.
—¡Ah! Es un inglé—exclamaron todos.
—Pues, nada—dijo uno—: si tiene usted tanta carpanta, tire usted del copo con nosotros y tendrá usted su parte.