—El ser liberal.
—Pues lo soy.
—Es usted de los míos. ¿Cómo se llama usted, señor inglés?
—Yo, Thompson.
—Bueno, señor Thompson, aquí tiene usted un amigo.
—Muchas gracias.
—¿Qué necesita usted por el momento?
—Un sitio donde comer y dormir hasta que me manden dinero de mi país.
—Vendrá usted a mi casa. ¡Hala, vamos!
Salimos de la taberna, tomamos por una calle en cuesta a salir a una hermosa plaza, y de allá seguimos por una avenida hasta detenernos en una casita de un piso solo con una puerta grande y un escalón.