—No. Por ganar unos cuartos para comer. Se me ha concluído el dinero que traía...

—Eso está bien. Puede uno ser más caballero que el verbo divino y tener las manos callosas del trabajo... ¿Viene usted de Gibraltar?

—No, vengo por Francia.

—Y, oiga usted, ¿ha venido usted a España por pasear nada más?

—No.

Y en seguida eché mano del mito Cox y lo desarrollé ante los ojos del patrón.

—¿Le ha gustado a usted España?

—Mucho. Es un país por el que tengo gran simpatía.

—Chóquela usted. No le falta a usted más que una cosa para tenerme de su parte.

—¿Y es?