Eguaguirre era puntilloso, de un amor propio exagerado, que disimulaba con afectada indiferencia.
El orgullo es, sin duda, planta que crece en las razas viejas y en los pueblos en ruina. La vanidad es sentimiento de países más jóvenes y con más ilusiones. El orgullo es lo que queda a las razas y castas caídas.
Eguaguirre era de una antigua familia acomodada de Navarra, cuya casa y cuyos bienes habían desaparecido.
Al encontrarse en la mesa de la fonda de la Marina, Eguaguirre y el Capitán se sintieron hostiles.
El Capitán habló a Eguaguirre en tono ligero, cosa que al oficialito produjo enorme asombro.
No sólo hizo esto, sino que al segundo día el Capitán comenzó a interrogarle.
—¿Es usted sobrino del coronel Eguaguirre?—le dijo.
Eguaguirre no contestó.
—¿Si es usted sobrino del coronel Eguaguirre?—volvió a preguntar el Capitán.