—Es la coronela—dijo Eguaguirre al verla por primera vez yendo en compañía del Capitán—. Es mísis Hervés.
—¿Inglesa?
—Mixta, hija de un militar inglés y de una española.
—¿Pero casada con un español?
—Sí; con el gobernador del castillo.
Otros muchos días se cruzaron con la coronela.
El Capitán llegó a creer que entre la angloespañola y Eguaguirre había algo, y que sus saludos fríos y corteses escondían una pasión o un principio de amor.
El Capitán, al parecer, conocía bien la vida y los tipos de la milicia, porque pronto llegó a calar a Eguaguirre.
—Este es un hombre de pasiones—le dijo a Thompson—, sensual, poco inteligente. Aunque no me ha dicho nada, le creo jugador y me figuro que está en relaciones íntimas con la coronela.