X.
EXPLICACIÓN

Puesto que nuestra encantadora amiga Kitty ha hecho a usted esa recomendación—dijo el Capitán—, trataremos de servirla. Amor, con amor se paga. ¿Usted ha comprendido la causa de ese encargo, amigo Thompson?

—No.

—Pues yo se la explicaré a usted. Kitty está enamorada locamente de Eguaguirre y quiere tenerlo seguro; teme alguna veleidad de su amante por esa muchacha encerrada en el convento de Monsant, de que usted habrá oído hablar, que llaman Dolores la Clavariesa, y va buscando que Urbina se case con la Dolores.

—¡Bah! ¿Usted cree en todo lo que se cuenta?

—Conozco la historia en sus detalles—replicó el Capitán—. Al llegar Juanito Eguaguirre al pueblo, había aquí dos mujeres que los poetastros de la localidad llamaban las dos beldades de Ondara: una era Kitty; la otra, una huérfana rica, a quien por haber tenido no sé qué cargo honorífico en el Calvario, llamaban la Clavariesa; Kitty tenía el prestigio de su elegancia, de su cultura, de su aspecto extranjero; la Clavariesa era una mujer hermosa, con la perfección de líneas de una modelo de Praxiteles. Esta Clavariesa era la pupila de un abogado llamado Vicente Fenoller. Fenoller, uno de los grandes hombres del pueblo, es un señor de gran fachenda, abogado elocuente, regionalista entusiasta y católico fanático. Fenoller ha casado a un hijo suyo con una mujer rica, y piensa casar al otro con su pupila la Clavariesa. La tía de la muchacha no es nada partidaria de tal matrimonio.

En este estado de rivalidad entre Kitty y la Clavariesa, vino Urbina, y, a pesar de su timidez y de su apocamiento, fué acogido por las dos rivales con sus más graciosas sonrisas. Urbina, si hubiera sido un hombre valiente y de poca preocupación moral, se hubiera lanzado a galantear a Kitty; pero no tuvo bastante ánimo para ello, y se dedicó a hacer el amor a la Clavariesa, que al principio le correspondió. En tal situación se presentó Eguaguirre en Ondara.

Al primer mes de estar aquí el teniente había dado un escándalo; había ganado y perdido fuertes sumas en el juego, y había tenido un desafío, en el cual hirió gravemente a su adversario.

Eguaguirre comenzó sus amores en Ondara por partida doble: galanteaba a una muchacha del barrio de pescadores y a la coronela. Kitty se divertía con este galanteo, que consideraba inocente. Eguaguirre, que es un egoísta furibundo, se encontraba mal de dinero, y al saber que Dolores la Clavariesa era rica y huérfana, no se cuidó para nada de su amigo Urbina, ni de la coronela, ni de la muchacha del barrio de pescadores, y escribió a Dolores una carta de amor. La Clavariesa le aceptó con gran entusiasmo. Estas permutaciones amorosas fueron la comidilla del pueblo. La coronela se eclipsó, y Urbina hizo lo mismo. Entonces Fenoller, el tutor de la Dolores, advirtió a ésta que Eguaguirre era un perdido, jugador, mujeriego, que no quería mas que su dinero.