—¡Ah! Si fuera posible, con mil amores.

—Tiene usted que hacer algo extraordinario para influír en la imaginación de su dama Urbina—dijo el Capitán—. Kitty nos ayudará.

—¿Querrá?

—Sí.

Fueron a visitar a la coronela, Urbina, Thompson y el Capitán. Le explicaron la idea, como si no hubiese partido de ella, y se comenzó a estudiar el proyecto.

Primeramente era necesario hacer una visita al convento de Monsant.

Kitty dijo que ella era amiga de la superiora y que le escribiría pidiéndole permiso para hacerla una visita.

—Esto es lo primero que hay que resolver—dijo el Capitán—; luego, ya veremos si a Urbina, al ver a su novia se le ocurre una inspiración genial que haga gran efecto en el corazón de su amada.

—¿A mí? ¡Ca!—exclamó Urbina—. No se me ocurrirá nada.