El Comité Español de París, formado por franceses, buscó el apoyo del Gobierno de Luis Felipe y del mismo rey.
Luis Viardot, uno de los miembros de aquel Comité, fué a visitar a Guizot y Guizot le dijo:
—Decid a los que os envían que Francia ha cometido en España un crimen político en 1823 y que le debe una reparación y que esta reparación se llevará a cabo.
Dupont, Marchais y Loëwe-Weimar, del mismo Comité, fueron a ver a Luis Felipe. Luis Felipe dijo que Fernando VII era el mayor bribón que había existido. El rey de los franceses indicó que la tentativa contra el Gobierno de Fernando le parecía muy bien y dió dinero de su bolsillo.
Algunos amigos de la familia de Orleans aconsejaron que se ayudara a destronar a Fernando VII y en ese caso se ofreciera la corona de España al duque de Nemours, hijo de Luis Felipe, a quien se casaría con la reina doña María de la Gloria de Portugal, con lo cual se reunirían en su cabeza las coronas de los dos reinos peninsulares.
El rey de los franceses comprendía muy bien que estas combinaciones no se hacen cuando se quieren y vió en el asunto de los emigrados españoles únicamente una manera de imponerse al Gobierno de Calomarde para que le reconociera como rey de Francia.
Con la protección de Luis Felipe y del Gobierno, los españoles creyeron que el triunfo estaba asegurado. Todos los días grupos de treinta, de cuarenta, de cincuenta hombres iban hacia la frontera. Hojas de ruta autorizadas por el prefecto de policía favorecían los viajes. Había depósitos de armas con el consentimiento expreso de Montalivet y de Guizot.
La imperial de las diligencias de Burdeos a Bayona estaban siempre retenidas por los agentes españoles para los emigrados. Estos subían a sus asientos y hablaban, reían y a veces gritaban: