Se decía que Garat le puso como condición para estar en Ustariz el que no se hablara de él.

El guardabosque lo prometió y cumplió su promesa. No tenía amistad ni relaciones con nadie, y si alguna vez le excitaban a discutir lo rehuía.

El mismo cuidado del tío Juan de no ser advertido hizo en ciertas épocas de la Restauración el que la policía le siguiera los pasos y el pueblo se fijara en él.

Se decía que Ali, el asistente de Víctor Darracq iba con frecuencia a visitarle a su cabaña del bosque y que el solitario se comunicaba con Garat. Se decía también que algunas veces se habían encontrado de noche a un jinete que se apeaba cerca de Gastizar y que este jinete era el guardabosque.


XI.
LOS LOCOS DEL PUEBLO

Para completar el cuadro de Ustariz, en 1830 habría que hablar de los locos y de los excéntricos del pueblo, que abundaban allí como en todos los pueblos vascos.

Uno de ellos, el más curioso era Muchico.

Muchico tenía los ojos brillantes, unas largas barbas y llevaba blusa negra. A pesar de su aspecto siniestro de su mirada fija no tenía nada de agresivo. Los chicos se burlaban de él y le gritaban y le tiraban piedras. El les amenazaba con el puño y tenía que esconderse en los portales. A Muchico le entusiasmaban los caballos y los coches, y le asustaban los perros. El viento sur le intranquilizaba y le ponía exaltado y de mal humor. Cuando la veleta de Gastizar miraba hacia España era mala señal para Muchico. Este andaba más excitado y nervioso que de ordinario.