Sabida es la frase del mariscal Trivulzi, que se ha repetido muchas veces:

"Tres cosas son necesarias para llevar bien una guerra: la primera, dinero; la segunda, dinero, y la tercera, dinero."

A esto se puede añadir la frase de Vespasiano, que el dinero no tiene olor; es decir, que lo mismo da que venga de arriba que de abajo; de las flores o del cieno.

Aviraneta, que veía un gran peligro en este empréstito, comenzó a trabajar en contra de él. Dió informes a los antimarotistas de Fermín Tastet, banquero bilbaíno, que había sido liberal y masón; hizo decir a los Clubs de Tolosa, de Azpeitia y de Bayona que el empréstito era una trama pérfida de Maroto para exterminar a los carlistas puros y al Pretendiente, pues dueño el general de este modo de las tropas, pagándolas espléndidamente haría lo que quisiera, transigiría con Espartero, sacrificando la causa de la legitimidad y del catolicismo. Esta era la explicación de que fueran liberales y masones los que ofrecían el dinero.

La idea lisonjeó a los fanáticos, se la apropiaron, y fué tal la enemistad que se produjo contra este empréstito, que Tastet tuvo que escaparse del Real y marchar corriendo a Francia. Los dos banqueros, el español y el francés, se manifestaron asombrados de la enemiga que había producido su proyecto.

Hablaron en Bayona con el marqués de Lalande y uno de los banqueros dijo:

—Sin dinero la guerra se acabará pronto.

El marqués de Lalande parece que añadió:

—Ya no tenemos guerra más que para unos meses.