El misántropo disimuló, se mostró amable con el viejo, sonsacó lo que pudo a Alvarito y a Claquemain y fué a visitar por segunda vez a Gamboa.

El cónsul de España estaba indignado contra Chipiteguy, pero no quería confesar lo ocurrido y repetía siempre que él no había hecho encargo alguno al chatarrero.

Frechón se pasaba horas y horas pensando en preparar una celada al viejo, paseando por la tienda como un lobo en la jaula y haciendo crujir sus falanges. Se le ocurrió también que Alvarito le estorbaba y le escribió dos anónimos amenazándole.

Otra vez hizo que Claquemain se disfrazara con el traje del Asesino y apareciera por la ventana de la reja que daba al patio donde trabajaba Alvarito. Este tuvo un momento de serenidad; comprendió la farsa, fué a la cueva y cerró la puerta con llave. Al poco tiempo Claquemain tuvo que llamar.

Dos días después Alvarito recibió una carta que decía:

"Si no te vas inmediatamente de esta casa, morirás.—El Asesino."

Alvarito tuvo la suficiente presencia de espíritu para no decir nada a nadie. Ya comprendió de dónde venía la amenaza. Alvaro veía con asombro que a él le producían más terror los peligros imaginarios que los reales. Ante éstos conservaba la sangre fría y no se le iba la cabeza.


III
LA TERTULIA DE MADAMA LISSAGARAY